Finalmente, el mes pasado me
apunté al gimnasio. Ya tocaba. Porque yo, de joven, hacía mucho ejercicio. Por
lo menos, las 2 horas de gimnasia a la semana obligatorias en el cole. Pero al hacerme mayor, ya se sabe,
lo vas dejando… vamos, que desde los 12 años que lo máximo a lo que llego es a
correr para coger el autobús. Ojo! Que eso, en mi caso, con lo impuntual que
soy, se traduce en unos … 15 minutazos a la semana!.
Pero eso ha cambiado. Tras una
pequeña inversión inicial de 200 euros en Decathlon en la equipación deportiva,
me sentía plenamente motivada para ir regularmente al gimnasio. Me estuve
informando de los horarios de apertura. Abren a las 07:00. Podría despertarme a
las 6:00, coger el coche, ir al gimnasio, hacer 10 minutos de ejercicio,
ducharme, cambiarme, llevar el coche al parking (nota mental: NO IR NUNCA EN COCHE
AL TRABAJO, NI EN AGOSTO) coger el metro, el autobús y llegar al
trabajo a las 08.10 (siempre tarde). Demasiado estrés.
Sin embargo, podría llevarme ya
la bolsa preparada al trabajo, y, al salir, caminar, coger el metro, el
autobús, otro autobús y llegar al gimnasio. El plan perfecto si la bolsa no
pesara 15 kg. Y no exagero. Que no lo puedo evitar: que si pantalones de
correr, camisetas, sujetador deportivo,
las zapatillas, el bañador, las gafas para nadar, los tapones de las
orejas, la toalla para el gimnasio, la toalla para la piscina, la toalla para
la ducha, la toalla para el pelo, el neceser… Ropa interior para hacer deporte,
ropa interior para después de la ducha… (nota mental: NUNCA SOBRA LA ROPA
INTERIOR EN LA BOLSA DEL GIMNASIO).
Bueno, parece que la mejor opción
será, al salir del trabajo, volver a casa, coger la bolsa, coger el coche e ir
al gimnasio. Hacer veinte minutos de ejercicio, ducharme, cambiarme, llevar de
nuevo el coche al parking, volver a casa y preparar la cena (nota
mental: DEJAR LA CENA – NO ABUNDANTE- YA PREPARADA).
Podría parecer que el tema de no
tener el gimnasio cerquísima de casa, desmotiva. Pero no. Desmotiva un poco más el hecho de sentirse
totalmente fuera de lugar en la sordidez de la palestra. En la sala de
máquinas, por ejemplo. Ese “setentón” que ha usado la máquina de femorales
(NOTA: no saber qué es la máquina de femorales
también te hace sentir fuera de lugar) justo antes que tú, ha dejado el nivel
de las pesas en 45 kg. 45 KILOGRAMOS??!! Me estás diciendo que ha podido
levantar 45 kg sólo con la fuerza de sus piernas?! Bueno… que no cunda el
pánico. Él ha podido porque se ha ejercitado mucho. Es normal que yo empiece
por un poco menos. 15? Mmmhhh.. vamos a poner 5? O podríamos empezar por NO
PONER PESAS POR AHORA. Otra ocasión en
que podrías no sentirte cómoda, por poner un ejemplo imaginario, sería al intentar seguir la frenética coreografía de una
clase de FitDance Elder Girls, que no es otra cosa que “Aeróbic para
Jubiladas”. Por alguna razón, Doña
Pepita, que está bailando a tu lado, consigue memorizar todos y cada uno de los
pasos de la monitora, pero tú pareces una mezcla entre Lina Morgan y un pato
mareao.
Pero está demostrado que lo que más
desmotiva es el denominado “síndrome de vestuario compartido”. El síndrome de vestuario compartido se
manifiesta aproximadamente tras un mes de acudir, más o menos asiduamente, a
hacer ejercicio físico. Has empezado a sobrellevar el dolor de todos los
músculos de tu cuerpo (incluso de músculos que tú sabes que NO has ejercitado,
pero que por alguna razón también se hacen sentir a coro con el resto). Has intentado
dominar el arte de ir perennemente depilada, pero entre los incómodos granitos
y el cloro de la piscina, tu piel da pena. En esas circunstancias, mientras
te duchas tras la sesión de acquagym, sin querer, ves que la chica que se está
duchando delante de ti, tiene medidas de modelo y está morenísima. Que, además,
esa mamá que trae a los niños pequeños a las clases de natación, también tiene
un cuerpo tonificado, y que Doña Pepita, quién lo iba a decir, tiene unos
abdominales tersos y relucientes debajo de la faja con la que hace FitDance
Elder Girls!!!! Y sin embargo tú, a pesar de los esfuerzos sobrehumanos, a pesar de haber renunciado a la siesta, y estar casi rozando la desnutrición (el cuerpo necesita más calorías que esa miseria que aconseja la OMS), a pesar de todo ello, sigues blanca, fofa y molida! En ese momento se manifiesta el síndrome de vestuario
compartido, y decides que tú, tu piel blanca, llena de granitos y tus lorzas,
no vais a pisar el Gimnasio en lo que queda de año!



